“Siento algún terror al mismo tiempo que una gran esperanza”

Carta a Ele

by admin on July 10th, 2010

Mi estimada Ele, hace tiempo que no escribo, no sé como poder empezar de nuevo, mi mente está bloqueada por algo que no llego a entender ni a descubrir, a veces pienso, cuando se viene a la mente mi niñez, que tal vez me hicieron alguna clase de embrujo, recuerdo que escribía con gusto, recuerdo esas tarde en la biblioteca, donde en vez de estudiar prefería escribir contándome cuentos, a veces también pienso que ya no tengo de que escribir, pero lo raro es que tengo mucho que contar, me refiero que cuando hablo con la gente, les cuento cosas interesantes, por lo menos eso es lo que pienso yo, pues la gente no se aburre, creo haber descubierto el perfecto momento en una conversación donde un comentario sarcástico tiene que estar, creo que aprendí a interpretar bien los códigos del rostro humano, para así poder atinar el momento indicado donde tengo que cambiar de tema, pero aun así mi estimada y recordada Ele, mis dedos se pierden frente al oscuro teclado de mi computador, otras veces pienso que mi gusto por salirme del tema hacen que no pueda empezar a escribir algo, pues al pensar que tengo la perfecta historia para escribir, me voy por la tangente y termino pensando en otra cosa. He intentado escribir algo de poesía, algunas cosas parece que tienen gracia, bueno poemas mediocres pero que realmente me gustan, al final tal vez es eso lo que cuenta, que te guste lo que escribes, que disfrutes haciéndolo, pero incluso eso ahora me es algo difícil, ya no tengo esa forma cursi y a la vez sensata de escribir una rima, una que no caiga en lo patético pero que a la vez no sea científico, o tal vez sea que ahora leo más que antes y mi amor a la lectura haya ganado mi amor a la escritura, pero si fuera así, por qué aun sigo intentándolo? En las noches cuando no duermo, echado en la cama mirando el techo, imagino historias de terror, amor, historias románticas que tienen mucho drama, imagino que aun estas ahí y le doy mil caras y mil nombres a ese momento que nunca tuvimos, vuelo hasta el techo y me pierdo en lo blanco del pasado, supongo que puedo darle ese color al pasado, blanco pues es lo único que está claro, en cambio el futuro es incierto, el futuro puede ser trágico o glorioso, uno nunca sabe que vendrá, solo mantiene las esperanzas de que será un buen futuro, así que perdiéndome en lo blanco de mi pasado, puedo tomar un momento para transformarlo en otro, en uno más emocionante, en uno con un mejor final al nuestro, ya cuando por fin decido levantarme y darle un buen uso a mi existencia, pienso en escribir lo que ya había pensado, mis hábitos me traicionan o yo simplemente los dejo avanzar, pues no llego ni siquiera abrir el Word para escribir algo, será que le tengo miedo al papel y pluma virtual? O será que muchas veces mi fuente de inspiración es un pasado doloroso y mi corazón sin ánimos a sufrir más, intenta todo para evitar que mis dedos recuerden ese pasado que me está pisando hasta ahora.

Querida amiga Ele, no sabía a quien más podía escribir, sé que no es una simple carta, más que una carta es una queja, supongo que tenía que quejarme, de mi pereza, de mi falta de ganas para ver el sol y decir “que hermoso día hace hoy” es que diablos, no tengo ganas de decir eso, el día esta bueno, pero llamarlo hermoso? Yo paso, no me parece hermoso, es curioso, aun recuerdo la última vez que dije eso, que dije eso de sentimiento, de eso ya ha pasado tanto tiempo. Sí,  mi recordada amiga, sé que me dirás que aun estoy deprimido, que soy algo pesimista, que tendría que hacer algo para cambiar eso, pero de alguna manera no quiero, esas contradicciones me están matando, por un lado deseo “quejarme” con alguien contándole mis penas, por otro lado me da igual, no es que me vaya muy mal, salgo con amigos me divierto y de vez en cuando me encuentro con alguna amiga que me acompaña en las noches donde soledad no está, no me va mal, pero bien tampoco me va. Otra vez cambiando el tema, tal vez deba cerrar esta diciendo: Hey mira, ya pude escribir algo, y comentándote que es una buena señal para dejar mi pesadez, mis quejas y demás, pero no, solo quería escribirte esta, una queja de algo que es ridículo en comparación de muchas otras que de vez en cuando también me acompañan.  Querida Ele, te extraño mucho,  la última vez que hablamos sentí que ya no eras la misma, sé que volvimos hablar de mucho tiempo, sé que las circunstancias no fueron y no son las más optimas y también sé que todos cambian, lo sé, pero yo extraño a la Ele de mis sueños, de ese pasado blanco que aun me pisa, extraño a esa persona que me comprendía aun le dijera disparates, extraño el calor de tu sonrisa y el sol en tu cabeza.

Miedo sincero

by admin on January 15th, 2010

Tendría que haber escrito esto ya hace tiempo, pero mis dedos se habían peleado con el teclado, ahora después de un par de vasos de vino la reconciliación no se hizo de rogar. Odio diciembre, no solo por que en diciembre tengo cumpleaños, también por las fiestas navideñas, toda la gente sale a las calles a comprar regalos, ese estrés navideño, esas calles frías llenas de personas que buscan el regalo adecuado para aquellos que llaman seres queridos, sí, se podría decir que soy una persona anti-navidad, nunca me gusto esa fiesta, aunque acá sea más una fiesta familiar que religiosa, creo que es más que nada ese sentimiento de desigualdad que hace que odie esta clase de fiestas, mientras que en ciudades como Berlín la gente se estresa por encontrar y comprar el regalo adecuado, en muchos lugares hacen colas de horas solo por recibir un regalo de plástico “made in china” con chocolate caliente y un pedazo de panetón o alguno que otro pan dulce.  Dirán que navidad es una fiesta familiar, de paz y amor donde se puede rememorar la esperanza de una vida mejor para todos, dirán que la navidad es sinónimo de esperanza y que la humanidad necesita esta clase de fiestas para mantener la fe en la buena voluntad de la gente, para no caer en la depresión ni mucho menos en la soledad, pero en mi caso navidad causa exactamente lo contrario, odio tener que decir “Feliz navidad” odio que la gente me diga “Feliz navidad” odio recibir un regalo por navidad, odio comer del pavo que prepararan especialmente para esa fecha, pero lo que más odio es que a veces, pero solo a veces, quiera todo eso, quiero aclarar que no es un gusto a todo eso, solo un querer, querer recibir todo eso, tal vez sea que ya vivo mucho tiempo por estos lares que mi espíritu se volvió cada vez más débil.

Fueron algo de tres o cuatro veces, tal vez exagero, pero estoy seguro de que fueron un par de veces en las que pase mi cumpleaños desapercibido, olvidado, solo y regañado, sé que no es una gran cosa, sé que mucha gente no festeja su cumpleaños, hoy en día a mí tampoco me interesa mucho eso, pero en esa época, entre los 10-16 años me interesaba mucho, no culpo a mi madre de esas lagunas mentales, en realidad no podría culpar a nadie de mi familia, ellos trabajaban mucho por hacer de nuestra navidad una navidad con regalos y comida, y como mi onomástico es tan cerca a navidad, no es difícil tener otras cosas en mente, pero creo que hasta el día de hoy quedo una pajita de ese tiempo que como papá Noel se acerca en diciembre para quedarse hasta navidad en mi corazón. Muchas veces me voy por la tangente, creo que esta es una de esas veces, pero creo que tenía que aclarar eso antes de contar mi historia, esa que por muchas semanas deseaba que la inmortalice en un pedazo de papel virtual. Empezó un 23 de diciembre, después de pensar que ya estaba curado de una resaca de dos días y antes de iniciar mi maléfico plan de emborracharme en navidad, esa noche sentía como en mi pecho se formaba un complot para derribar mi dictadura, sentía como mi cuerpo, tal vez al sentir el peligro, se calentaba como queriendo decirme el peligro que se venía, esa noche no pude dormir bien y al día siguiente tome las precauciones del caso, así como me lo recomendaba mi madre, me prepare té con limón y mucha miel, mi estrategia era simple tomar tanto té con limón y miel que para la noche no haya mas que recuerdos de esa conspiración en mi pecho, ya a las ocho de la noche, cambiado y afeitado, emprendí camino hacia la casa de mi tío que me había invitado a pasar navidad con su familia, comimos, bebimos, conversamos, miramos televisión y después de mi cuarta… ¿o era quinta? Cerveza sentí como mi estrategia fracasaba, mi cuerpo caliente, mi cabeza a punto de capitular, mi pecho envuelto en un combate de cuchillos, ¡sí! cuchillos pues sentía que cada vez que tosía me introducían un cuchillo en mi pecho, hacían que mi plan maléfico de emborracharme cambiara de rumbo, sin poder hacer nada me despedí de mi tío y su familia y sin pensarlo dos veces busque un taxi y me fui al departamento donde empezó una batalla a muerte por recuperar el control de mi cuerpo. Ya en casa volví a mi vieja estrategia de tenerle fe al limón y la miel pensando que con el té serian el perfecto trío para apagar esa conspiración que ya empezaba a cobrar más fuerza. Después de tomar el tercer té con limón y miel decido ir a dormir, ya en cama tengo un sueño de lo mas extraño, sueño que mi mente está dividida a la mitad y cada mitad tiene números, en la primera mitad solo hay números enteros y en la segunda mitad números quebrados, en mi sueño soy un tipo obsesivo que tiene que contar cada mitad y hacer que las dos mitades sean iguales en cantidad, si en una mitad faltase una cantidad añadirle esa cantidad y luego contar otra vez para confirmar que las dos mitades sean iguales, cosa que nunca lograba pues cada vez que pensaba que las dos mitades estaban iguales se me daba por preferir que la suma sea una suma que de un numero entero y no una fracción, luego se me daba por preferir lo contrario, luego volvía a contar las mitades y por alguna razón no estaban iguales… así paso toda mi noche, despertando cada media hora, desesperado por no encontrar la solución y queriendo dormir por el cansancio, mi cuerpo quemaba y mi mente enloquecía. Ya a las  siete de la mañana, sin poder dormir y sin saber qué hacer, llamo a mi prima y le pido que me traiga algunas pastillas, sé que tendría que haberlas tomado antes, pero soy una persona que odia las pastillas, con decir que no me gustan los médicos, aun así sé que hay momentos en que el cuerpo ya no da más y es necesario las pastillas, mi prima que llego a las once de la mañana me trajo paracetamol, para esa hora yo ya estaba demasiado grave, sentía que nada de mi cuerpo respondía, sabía que tenía que comer pero no podía recibir comida alguna, mi única receta, mi estrategia se basaba en el trío fantástico del té, limón y miel, ahora que lo pienso podría decir que mi estrategia para vencer el complot era una estrategia agridulce, digo eso pues me gusta ese nombre, me hace recordar a una amiga que perdí, una amiga que siempre me decía que debía tener pastillas en casa, sin duda alguna, tuve que aprender su lección por las malas. Después de que mi prima me dejara las pastillas con algunas frutas (odio las frutas, ¡sí! Pareciera que odio todo, pero también me gustan muchas cosas, pero eso ahora no viene al caso) después también de haber tomado ya dos pastillas, intento que mi día sea de lo mas tranquilo, sin dejar mi estrategia y obligándome a comer una sopa la cual había comprado días antes y que venía en lata, me relajo y mi cuerpo se siente algo mejor, pienso que la victoria pronto será mía, pienso que a mi estrategia solo le faltaba una pequeña ayuda para vencer, pienso que puedo vencer todo solo… las horas pasan y el día sin pensarlo se va, la noche llega y con ella llega también el contragolpe del complot. More

Después de las doce

by admin on December 23rd, 2009

Un minuto después de las doce, cuarenta segundos antes de los cien, como pasa el tiempo y entre risas y penas me encuentro aquí, ¿seré tal vez su recuerdo que se niega a morir? ¿o solo un delirio que un demente no acaba de digerir? Aun así, se que ahora soy distancia, soy recuerdo para mi presente, soy bohemia en noches de pecado, soy el todo que ahora es nada. Mi copa semi-llena mira atentamente la cara de un pato encerrado en mi taza de café y mientras que de las paredes Dalí me saluda, de entre el armario Vallejo me mira.

Ya son más de las doce, ya son más de dos doces, no me digas nada, pero dime todo. Solo ríe, ríe como en días de antaño, ríe como cuando de mano en mano, las cenizas de un cigarrillo que no deben caer, formaban parte de un juego tonto. Ríe como el piano no lo sabe hacer, y sueña, sueña con eso que aun no puedo soñar, vuela por alguna nebulosa de luna llena, vuela por lugares que solo Matthew Barrie pudo volar.  Y ama, ama a los que amas, ama al día que sin noche no seria vida, ama aquellos que merecen ser amados. Levanto mi copa, la dejo sonar, el pato me mira curioso, Dalí se pone a pintar y Vallejo me sonríe. Estoy feliz, les digo, estoy feliz pues mi corazón la ha vuelto a sentir, estoy feliz pues hoy, dos doces después de las doce, ella ha vuelto a nacer, estoy feliz, pues ella es mi felicidad, y hoy, hoy después de las doce, quiero brindar, que el mundo pare, que las estrellas callen, que la luna cante, hoy quiero con mi guitarra, cantarle sin saber tocar, hoy solo quiero, pensar que tengo una guitarra y así poder con ella cantar.

Liz, hoy sin  guitarra y sin voz solo quiero levantar mi copa, mirar al pato, a Dalí y a Vallejo… y por ti brindar.

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