“Siento algún terror al mismo tiempo que una gran esperanza”

Miedo sincero

by admin on January 15th, 2010

Tendría que haber escrito esto ya hace tiempo, pero mis dedos se habían peleado con el teclado, ahora después de un par de vasos de vino la reconciliación no se hizo de rogar. Odio diciembre, no solo por que en diciembre tengo cumpleaños, también por las fiestas navideñas, toda la gente sale a las calles a comprar regalos, ese estrés navideño, esas calles frías llenas de personas que buscan el regalo adecuado para aquellos que llaman seres queridos, sí, se podría decir que soy una persona anti-navidad, nunca me gusto esa fiesta, aunque acá sea más una fiesta familiar que religiosa, creo que es más que nada ese sentimiento de desigualdad que hace que odie esta clase de fiestas, mientras que en ciudades como Berlín la gente se estresa por encontrar y comprar el regalo adecuado, en muchos lugares hacen colas de horas solo por recibir un regalo de plástico “made in china” con chocolate caliente y un pedazo de panetón o alguno que otro pan dulce.  Dirán que navidad es una fiesta familiar, de paz y amor donde se puede rememorar la esperanza de una vida mejor para todos, dirán que la navidad es sinónimo de esperanza y que la humanidad necesita esta clase de fiestas para mantener la fe en la buena voluntad de la gente, para no caer en la depresión ni mucho menos en la soledad, pero en mi caso navidad causa exactamente lo contrario, odio tener que decir “Feliz navidad” odio que la gente me diga “Feliz navidad” odio recibir un regalo por navidad, odio comer del pavo que prepararan especialmente para esa fecha, pero lo que más odio es que a veces, pero solo a veces, quiera todo eso, quiero aclarar que no es un gusto a todo eso, solo un querer, querer recibir todo eso, tal vez sea que ya vivo mucho tiempo por estos lares que mi espíritu se volvió cada vez más débil.

Fueron algo de tres o cuatro veces, tal vez exagero, pero estoy seguro de que fueron un par de veces en las que pase mi cumpleaños desapercibido, olvidado, solo y regañado, sé que no es una gran cosa, sé que mucha gente no festeja su cumpleaños, hoy en día a mí tampoco me interesa mucho eso, pero en esa época, entre los 10-16 años me interesaba mucho, no culpo a mi madre de esas lagunas mentales, en realidad no podría culpar a nadie de mi familia, ellos trabajaban mucho por hacer de nuestra navidad una navidad con regalos y comida, y como mi onomástico es tan cerca a navidad, no es difícil tener otras cosas en mente, pero creo que hasta el día de hoy quedo una pajita de ese tiempo que como papá Noel se acerca en diciembre para quedarse hasta navidad en mi corazón. Muchas veces me voy por la tangente, creo que esta es una de esas veces, pero creo que tenía que aclarar eso antes de contar mi historia, esa que por muchas semanas deseaba que la inmortalice en un pedazo de papel virtual. Empezó un 23 de diciembre, después de pensar que ya estaba curado de una resaca de dos días y antes de iniciar mi maléfico plan de emborracharme en navidad, esa noche sentía como en mi pecho se formaba un complot para derribar mi dictadura, sentía como mi cuerpo, tal vez al sentir el peligro, se calentaba como queriendo decirme el peligro que se venía, esa noche no pude dormir bien y al día siguiente tome las precauciones del caso, así como me lo recomendaba mi madre, me prepare té con limón y mucha miel, mi estrategia era simple tomar tanto té con limón y miel que para la noche no haya mas que recuerdos de esa conspiración en mi pecho, ya a las ocho de la noche, cambiado y afeitado, emprendí camino hacia la casa de mi tío que me había invitado a pasar navidad con su familia, comimos, bebimos, conversamos, miramos televisión y después de mi cuarta… ¿o era quinta? Cerveza sentí como mi estrategia fracasaba, mi cuerpo caliente, mi cabeza a punto de capitular, mi pecho envuelto en un combate de cuchillos, ¡sí! cuchillos pues sentía que cada vez que tosía me introducían un cuchillo en mi pecho, hacían que mi plan maléfico de emborracharme cambiara de rumbo, sin poder hacer nada me despedí de mi tío y su familia y sin pensarlo dos veces busque un taxi y me fui al departamento donde empezó una batalla a muerte por recuperar el control de mi cuerpo. Ya en casa volví a mi vieja estrategia de tenerle fe al limón y la miel pensando que con el té serian el perfecto trío para apagar esa conspiración que ya empezaba a cobrar más fuerza. Después de tomar el tercer té con limón y miel decido ir a dormir, ya en cama tengo un sueño de lo mas extraño, sueño que mi mente está dividida a la mitad y cada mitad tiene números, en la primera mitad solo hay números enteros y en la segunda mitad números quebrados, en mi sueño soy un tipo obsesivo que tiene que contar cada mitad y hacer que las dos mitades sean iguales en cantidad, si en una mitad faltase una cantidad añadirle esa cantidad y luego contar otra vez para confirmar que las dos mitades sean iguales, cosa que nunca lograba pues cada vez que pensaba que las dos mitades estaban iguales se me daba por preferir que la suma sea una suma que de un numero entero y no una fracción, luego se me daba por preferir lo contrario, luego volvía a contar las mitades y por alguna razón no estaban iguales… así paso toda mi noche, despertando cada media hora, desesperado por no encontrar la solución y queriendo dormir por el cansancio, mi cuerpo quemaba y mi mente enloquecía. Ya a las  siete de la mañana, sin poder dormir y sin saber qué hacer, llamo a mi prima y le pido que me traiga algunas pastillas, sé que tendría que haberlas tomado antes, pero soy una persona que odia las pastillas, con decir que no me gustan los médicos, aun así sé que hay momentos en que el cuerpo ya no da más y es necesario las pastillas, mi prima que llego a las once de la mañana me trajo paracetamol, para esa hora yo ya estaba demasiado grave, sentía que nada de mi cuerpo respondía, sabía que tenía que comer pero no podía recibir comida alguna, mi única receta, mi estrategia se basaba en el trío fantástico del té, limón y miel, ahora que lo pienso podría decir que mi estrategia para vencer el complot era una estrategia agridulce, digo eso pues me gusta ese nombre, me hace recordar a una amiga que perdí, una amiga que siempre me decía que debía tener pastillas en casa, sin duda alguna, tuve que aprender su lección por las malas. Después de que mi prima me dejara las pastillas con algunas frutas (odio las frutas, ¡sí! Pareciera que odio todo, pero también me gustan muchas cosas, pero eso ahora no viene al caso) después también de haber tomado ya dos pastillas, intento que mi día sea de lo mas tranquilo, sin dejar mi estrategia y obligándome a comer una sopa la cual había comprado días antes y que venía en lata, me relajo y mi cuerpo se siente algo mejor, pienso que la victoria pronto será mía, pienso que a mi estrategia solo le faltaba una pequeña ayuda para vencer, pienso que puedo vencer todo solo… las horas pasan y el día sin pensarlo se va, la noche llega y con ella llega también el contragolpe del complot. More

Después de las doce

by admin on December 23rd, 2009

Un minuto después de las doce, cuarenta segundos antes de los cien, como pasa el tiempo y entre risas y penas me encuentro aquí, ¿seré tal vez su recuerdo que se niega a morir? ¿o solo un delirio que un demente no acaba de digerir? Aun así, se que ahora soy distancia, soy recuerdo para mi presente, soy bohemia en noches de pecado, soy el todo que ahora es nada. Mi copa semi-llena mira atentamente la cara de un pato encerrado en mi taza de café y mientras que de las paredes Dalí me saluda, de entre el armario Vallejo me mira.

Ya son más de las doce, ya son más de dos doces, no me digas nada, pero dime todo. Solo ríe, ríe como en días de antaño, ríe como cuando de mano en mano, las cenizas de un cigarrillo que no deben caer, formaban parte de un juego tonto. Ríe como el piano no lo sabe hacer, y sueña, sueña con eso que aun no puedo soñar, vuela por alguna nebulosa de luna llena, vuela por lugares que solo Matthew Barrie pudo volar.  Y ama, ama a los que amas, ama al día que sin noche no seria vida, ama aquellos que merecen ser amados. Levanto mi copa, la dejo sonar, el pato me mira curioso, Dalí se pone a pintar y Vallejo me sonríe. Estoy feliz, les digo, estoy feliz pues mi corazón la ha vuelto a sentir, estoy feliz pues hoy, dos doces después de las doce, ella ha vuelto a nacer, estoy feliz, pues ella es mi felicidad, y hoy, hoy después de las doce, quiero brindar, que el mundo pare, que las estrellas callen, que la luna cante, hoy quiero con mi guitarra, cantarle sin saber tocar, hoy solo quiero, pensar que tengo una guitarra y así poder con ella cantar.

Liz, hoy sin  guitarra y sin voz solo quiero levantar mi copa, mirar al pato, a Dalí y a Vallejo… y por ti brindar.

locura

by admin on July 10th, 2009

Ya no eres tú la dueña de mi vacio,
ya no eres la causa de mi escrito,
ya no eres lo plural de mi silencio.
Ya no soy yo el causante de tu risa,
ni tampoco el dueño de tus caricias,
no soy tu soledad en días de alegría,
tampoco el futuro de un pasado.
Si! ya no soy el sueño encerrado
de una noche a punto de morir,
no soy tu luna, ni mucho menos
el espejo de tu vida.

Y tú, la Diosa de un ateo que se declara creyente
mi musa, mi Reyna, la Gala de mis días ideales,
la que ya no quiero, la que me perdió en esa noche
sin luna, donde los arboles lloraban con una sonrisa,
donde las estrellas cantaban con el viento
y a lo lejos las montañas miraban.

Ya no existes siendo aun mi ideal, ya no te quiero
sabiendo que aun te amo, pero tal vez aun la quiera,
eres mi Gala, la que robo mi vida dejando la inspiración,
ya no te amo, pero aun te quiero, pero quizás aun la ame.

Locura, ahora solo eso me queda,
sabiendo que no sabes de mi,
creyendo que eres feliz,
creyendo que eres más feliz que yo,
pensando que lo eres sin mí,
me miento escribiendo que me alegro por ti,
pero no es así, pues si estas feliz lo estas sin mí.

Me alegro por ti, pero eso no me quita
la tristeza de no saber de ti y,
con saber me refiero a no ser la causa de tu alegría,
con alegría a no ser la causa de tus días y,
con tristeza a no saber de ti.

Ya no la extraño, pero… pero tal vez sí.

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