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Después de las doce
by admin on December 23rd, 2009
Un minuto después de las doce, cuarenta segundos antes de los cien, como pasa el tiempo y entre risas y penas me encuentro aquí, ¿seré tal vez su recuerdo que se niega a morir? ¿o solo un delirio que un demente no acaba de digerir? Aun así, se que ahora soy distancia, soy recuerdo para mi presente, soy bohemia en noches de pecado, soy el todo que ahora es nada. Mi copa semi-llena mira atentamente la cara de un pato encerrado en mi taza de café y mientras que de las paredes Dalí me saluda, de entre el armario Vallejo me mira.
Ya son más de las doce, ya son más de dos doces, no me digas nada, pero dime todo. Solo ríe, ríe como en días de antaño, ríe como cuando de mano en mano, las cenizas de un cigarrillo que no deben caer, formaban parte de un juego tonto. Ríe como el piano no lo sabe hacer, y sueña, sueña con eso que aun no puedo soñar, vuela por alguna nebulosa de luna llena, vuela por lugares que solo Matthew Barrie pudo volar. Y ama, ama a los que amas, ama al día que sin noche no seria vida, ama aquellos que merecen ser amados. Levanto mi copa, la dejo sonar, el pato me mira curioso, Dalí se pone a pintar y Vallejo me sonríe. Estoy feliz, les digo, estoy feliz pues mi corazón la ha vuelto a sentir, estoy feliz pues hoy, dos doces después de las doce, ella ha vuelto a nacer, estoy feliz, pues ella es mi felicidad, y hoy, hoy después de las doce, quiero brindar, que el mundo pare, que las estrellas callen, que la luna cante, hoy quiero con mi guitarra, cantarle sin saber tocar, hoy solo quiero, pensar que tengo una guitarra y así poder con ella cantar.
Liz, hoy sin guitarra y sin voz solo quiero levantar mi copa, mirar al pato, a Dalí y a Vallejo… y por ti brindar.

