Delirios de un Viajero…

“Siento algún terror al mismo tiempo que una gran esperanza”

Estudiar en Grecia.

El enemigo de Aliki es fuerte, doloroso y efectivo. Muy veloz sale de esas latas plateadas con sello “Made in USA”. El enemigo de Aliki encuentra un camino hasta llegar a su nariz, a su cuello, se mete por los poros de su piel, quema en sus pulmones y obliga a que salgan lagrimas de sus ojos, duele su respiración como si algo estaría a punto de explotar debajo de su cráneo. El cuerpo reacciona, escupe, siente que se ahoga y sobre todo: Corre.

Pero Aliki no quiere eso, ya no más, se preparo lo mejor que pudo; en la cara lleva unas gafas de natación, en su rostro se nota algo blanco: Maalox, algo para el dolor estomacal que se pone a la piel para neutralizar los gases lacrimógenos. Cuando la policía vuelve a tirar más latas y los primeros manifestantes empiezan a toser, la chica de 26 años se detiene, mueve el brazo hacia el cielo nocturno y grita: ¡No cederemos!

Los estudiantes, los ancianos con mascaras para respirar compradas de alguna ferretería, los que tiraban piedras en la primera fila, casi todos tienen las caras blancas, pero el gas no es el único enemigo en esa noche de junio. El mayor enemigo es la inseguridad, el desconcierto de no saber como seguir cuando todo parece disolverse a su alrededor. Un poco más allá, en el parlamento, discuten los diputados sobre las medidas a tomar: 78 mil millones de euros tienen que economizarse hasta el 2015, borrar los beneficios sociales, los sueldos tienen que bajar. La crisis Griega afecta a los jubilados, funcionarios y trabajadores, sobre todo son los jóvenes que dudan más. Con una deuda pública del más del 150% del producto interno bruto, con un desempleo juvenil del 40%, una generación completa de jóvenes griegos sienten no tener más perspectivas en su propio país. –Es una locura– se le escucha decir a Aliki, –Como si simplemente abolieran nuestra futuro–. Para terminar sus estudios de Arquitectura solo le faltaba a Aliki presentar un trabajo de 30 páginas, pero hace meses que no puede concluirlo –Me pregunto: ¿Para qué?– nos dice ella –¿Para buscar un trabajo que no hay?–. En vez de eso prefiere trabajar unas horas en la empresa de su padre, a pesar que también ahí no hay trabajo, ordenar las papeles, atiende al teléfono que en realidad nunca suena –Los últimos ocho apartamentos que construyeron están vacios– nos dice Aliki y encoge los hombros –desde el 2008– ¿cómo sobrevive la empresa? Prefiere no preguntarse eso –Prefiero no saberlo, mis padres ya tienen demasiadas preocupaciones–.

¿Pero qué se puede hacer contra un gobierno que practica una política defendida por barricadas?, ¿Contra condiciones de instituciones que se ocultan tras las letras IWF y EZB?, ¿contra los especuladores de la bolsa de valores que hace tiempo apostaron por la quiebra de Grecia?. Aliki se apoya en un farol de la plaza Syntagma, bajo la luz se ve su rostro aun mas blanco, coge sus gafas de natación y se las pone sobre su cabello, muy en el fondo no sabe bien si lo que hace ayudara en algo. –Solo me siento pérdida–, nos dice. Pero antes no era así, Aliki tenía claro como quería que fuera su futuro: Terminar su carrera, hacer un máster, tal vez un doctorado y luego quizá trabajar en algún instituto de investigación, todo eso ya no es posible; en algún momento se perdió todo, la crisis hizo de Aliki un buscador, hay miles de esos buscadores, en Atenas, Madrid, Lisboa. Van a la calle pues notan que a pesar del máster, de los dos idiomas y de las cuatro pasantías no pueden encontrar trabajo que les dé algo de seguridad. Aliki sabe eso y siente la tensión, incluso cuando se sienta a la misma mesa con sus padres, –¿Cual es la solución?– se pregunta, ¡tiene que haber una!.

Theodora y Rodanthi ya encontraron su solución, las dos hermanas, 26 y 24 años, se sientan a la mesa de la cafetería de la Universidad, toman café helado, en otra mesa dos estudiantes juegan cartas, atrás de algunos arbustos se encuentra el campus de la Universidad Técnica Nacional. Rodanthi, que es algo más tímida que su hermana, se disculpa por tercera vez, tiene una reunión con su profesor, ella ya tiene su diploma de Arquitectura, ahora hace un titulo de postgrado en “Design, Space, Culture”. ¿Dejar el país o no?, para ella, eso ya hace tiempo que dejo de ser una pregunta, la pregunta es: ¿cuándo?. En realidad le falta aun un año antes de tener todo concluido, pensaba terminar y luego ir al extranjero –Paris o tal vez Berlín– ahí empezar el máster, pero los planes han cambiado, como está la situación mejor partir ahora, terminar el año que le faltaba en el extranjero y paralelamente también el máster. Rodanthi se disculpa otra vez, el profesor la espera.

Su hermana Theodora, que está de visita en Atenas, no habla mucho al respecto, pero cuando estudiaba en Atenas fue la mejor de su año en la Universidad, sus premios, condecoraciones, becas y demás ocupan tres páginas de su currículum. Ella ya está donde muchos quieren estar, estudiando en el extranjero, con la beca Fulbright hace un máster en el “Massachusetts Institute of Technology” de Boston. Theodora es algo así como lo ideal de los estudiantes en el mundo globalizado de hoy, –Después del máster seguro que podría encontrar algo en USA– nos dice y da la impresión de haber pensado en eso ya un buen tiempo. Pero aun así no es tan fácil, pareciera que la crisis lleva la confusión a la vida de Theodora, –¿De qué me sirve poder escapar de esto si a mi familia y amigos acá les sigue yendo mal?– cada vez que vuelve a Grecia, ve más gente que simplemente no lo logran. Algunos conocidos al responder una simple pregunta –¿cómo estás?– solo atinan a llorar, nos cuenta Theodora. Ella quisiera después de terminar su máster volver a Grecia, pero cada vez que lo dice en voz alta, escucha solo la misma frase: ¿Estás loca?. Theodora siente la depresión de las personas, todos, absolutamente todos sus ex¬-compañeros están desempleados o realizan alguno que otro trabajo esporádico para sobrevivir, ninguno trabaja en el campo que estudio, –Eso es lo más doloroso de la crisis– nos dice Theodora. Muchas familias grecas tuvieron que sacrificarse para que sus hijos pudieran estudiar, para que sus hijos tengan un futuro asegurado, un buen futuro, un típico sueño greco, sueño que ahora no podrá ser realidad; que el hijo tenga un doctorado en Bioquímica pero que a pesar de eso trabaje de mesero, y solo si es que tiene suerte. –Hay algo ahí que duele– Theodora mueve la cabeza, todo eso la pone triste, pudo sentir que tan mal están las cosas ese día que por teléfono, al hablar con su padre, este le dijo: Nunca pensé que alguna vez en mí vida podría decir algo así, pero en realidad deseo que no vuelvas. Dejar el país, adaptarse, dejar la familia y amigos e ir ahí donde hay chance de encontrar un futuro, donde haya oportunidad de encontrar un sueldo que alcance para vivir: Para muchos acá pareciera ser esa, la única alternativa.

Fedonas no desea que Theodora, Roddanthi y demás estudiantes busquen una salida individual al problema, que emigren o que se adapten a las circunstancias, él desea que cambien las circunstancias. Fedonas, 23 años, lleva un pantalón corto, cabello largo y en su mochila, gafas de laboratorio con una máscara para respirar. En la plaza Syntagma, que ya es como un segundo hogar para él, se reúne la gente en una tienda de campaña, aun se siente algo del gas lacrimógeno, alguien toca la guitarra y una mujer toma fotos a su novio. La mayoría de gente reunida alrededor de la carpa son jóvenes, algunos con pelo rasta y polos de batik y otros parecen salir de alguna oficina. Fedonas pertenece desde ya un buen tiempo a un grupo de estudiantes de izquierda, en su tiempo libre se dedica a leer a Marx y después de sus exámenes de química, si aún le queda tiempo, se queda en el laboratorio y reflexiona como lograr crear un mejor método contra los efectos del gas lacrimógeno. Muy orgulloso muestra las fotos de su abuelo, –Él también era comunista– nos dice, así como también el padre de su padrastro. Fedonas vive en un departamento alquilado por sus padres, sonríe cada vez que cuenta que su refrigerador casi siempre esta vacio. Que el sistema actual está obsoleto, que se necesita algo diferente, Fedonas discute muchas veces sobre eso y ahora con la crisis parece ser que a los demás también se les aclara eso. –La gente se da cuenta que este sistema ya no funciona, que se necesita otra alternativa, otra economía, otra clase de política– Para Fedonas la única alternativa es comunista. Cuando ingreso a la Universidad, nos cuenta, siempre le repetían: Ustedes son la elite del país, todo es posible para ustedes. Él ve en todo eso la ideología capitalista: Cualquiera que trabaje duro, se le abrirán las puertas. Nos dice que poco a poco la mayoría llego a creer en todo eso, pero hoy se puede ver, que toda esa ideología es falsa y para muchos es eso un shock, incluso para él mismo, pues también él llego a pensar que en este sistema, al terminar sus estudios, tendría un buen nivel de vida, de vez en cuando ir al cine o quizá ir algún buen club sin tener que pensarlo más de dos veces. Hoy en día ya nadie cree en eso y por eso, a su generación no le queda otra alternativa que luchar y poder pensar por sí mismos. Fedonas disfruta mostrando a los visitantes como es que funcionan las cosas en la plaza Syntagma, están los grupos de política, los grupos estudiantiles, los grupos de desempleados, de salud, artistas y ecologistas. Las decisiones se toman en la asamblea general, para eso se crean comités que organizan la comida, los medicamentos, textos para la pagina web, traducciones –Una utopía donde todo funciona– dice Fedonas. Él se siente orgulloso de mostrar algo pequeño que también debería funcionar en grande: Un mundo más justo, donde la gente haga, lo que mejor pueda hacer, un mundo que funcione sin dinero, pues el dinero se volvería obsoleto. –Una verdadera democracia– dice Fedonas mientras mira su reloj: Falta poco para continuar.

Bajo la luz de las farolas, en el suelo, se encuentran ciento de personas sentadas mirando atentas en dirección de un micrófono, se reparten números escritos en pequeños papeles, todo aquel que desea hablar recibe un papel numerado, un invitado del Cairo es el que empieza hablar: ¡Sigan así!. Otro de Irlanda dice lo mismo, aplausos llenan las calles. Una mujer del grupo de abogados invita aquellos que fueron lesionados por la policía a certificar sus lesiones y entregarle luego los documentos para así preparar una demanda. Fedonas se encuentra sentado entre la multitud, hace apuntes en un cuaderno, prepara lo que tiene que decir cuando le toque su turno, sonríe pues ya sabe lo primero que dirá: La lucha tiene que continuar.

En una esquina bajo una farola, se encuentra Aliki escuchando la multitud. Un grupo de policías se abre camino por su costado, ella los mira –Como una persona razonable, debería de terminar mi diploma e irme lo mas pronto posible algún otro país– nos dice, pero hay algo que la detiene, justo a ella que en su tesis de arquitectura trata sobre edificios ligeros, que se pueden integrar en cualquier medio ambiente, fácil de montar y desmontar sin dejar huella alguna –Instalaciones nómadas– nombre que le puso ella. Pero quizá es justo eso que evita que deje el país, convertirse en nómada: El miedo de no dejar huellas. –Suena raro–, pero aun así dice ella –Siento que tengo que vivir el país como está ahora y antes de que colapse por completo, quiero intentar hasta el último momento, cambiar algo–. Entonces se escuchan ruidos en el otro extremo de la plaza, algo detona una vez, dos veces, granadas que la policía lanza seguido del ruido de las piedras que caen. Aliki busca algo en su bolsa, son sus cigarrillos –Ayudan contra el gas lacrimógeno– nos dice, muestra una sonrisa pasajera, cubre sus ojos con las gafas de natación, se despide y camina en dirección del ruido.


Categorised as: De interés, J-C


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