Illa

IMG_1358Siento como ya, poco a poco, voy muriendo lentamente. Hace unos días volví a despertar con ese dolor que viene y no sabe cómo irse, a través de la ventana puedo ver el árbol de peras rodeado de gotas que adornan el frío de una mañana lluviosa. Es diciembre, y esa voz me acompaña mientras camino por las calles mojadas. Recuerdo su sonrisa, recuerdo como me mira y sonríe cada vez que sonrío, siento como de su llanto nace la vida, de sus ojos un futuro que aún no se dio. Illa, es un amuleto que, si los Apus te reconocen, hacen que encuentres en tu camino, quizás aún no sepas donde caminar, con quien o hacia dónde. He caminado mucho, he visto como la maldad es más fuerte en horizontes perdidos, he visto como la bondad se encuentra detrás de alguna sombra que se esconde por la timidez, he visto como desaparecen muchos amuletos, robados, asesinados o simplemente olvidados. He visto mucho y el miedo me cobija. Una melodía me acompaña mientras escribo esto, hace tiempo que no lo hago, hace tiempo que mi mente no bailaba al son del recuerdo, ¿será que el tiempo pasa y yo, paso de él?
A despertado un nuevo aliento, una energía que quizás, cree pequeños universos. La miro y hablo con palabras dulces de amor, la beso en la nariz y ella me mira y sonríe, llora con fuerza y siento que grita como alguna vez grito su madre o su abuela. Tengo una hija, no es mía, no es mi propiedad, sólo soy aquel que intentará guiar sus pasos para que luego ella, sabiendo un poco cómo es el mundo, pueda crear su propio camino. Quizás siga los míos, quizás el de ella, o tal vez el de él; y me pregunto qué es “tener una hija”, me pregunto cómo será su voz, su sonrisa, su rebeldía, de qué color verá el mundo, cuál será su canción preferida.

Amada hija, quiero darte lo poco que pude aprender mientras cabalgaba por este loco mundo, quiero contarte porque necesitamos sombra en días de mucho calor, porque contar estrellas es más divertido que contar penas, porque el mundo es injusto y las utopías son buenas, que el mejor refugio de las penas son los libros, pues ellos ríen y lloran con nosotros, que son en los libros donde encontraras la respuesta a esas preguntas que algún día no te dejarán volar en paz. También quiero contarte de mis tristezas con una sonrisa, y comprendas que, a pesar de todo, una sonrisa es más calurosa que una lágrima. Te contaré de tus tíos y tías que viven al otro lado del horizonte, mis aventuras con ellos, las veces que reímos, peleamos y las que lloramos, te contaré porque se fueron, te abrazaré y despacio te susurraré lo mucho que los extraño. El 28 de julio iremos a pasear, te contaré de tu tercer nombre, de la persona que alguna vez lo llevo, te hablaré de lo doblemente importante que es esa fecha para mí, y espero para ti también. Te hablaré de que lo más importante en este mundo no es tener ni dar, sino comprender porque se da y porque se tiene. Te mostraré que esta sociedad es peligrosa para las mujeres, pero que el miedo es una enfermedad que nos impide cambiar; y es ahí mi preciosa amuleto que te confesaré el porqué de algunas ausencias de mi voz, pues muchas veces tuve que salir y gritar para que tú puedas cantar con libertad. Te narraré de mis fracasos, de las veces que, en ese largo viaje que realicé, acompañado sólo de soledad, encontré las personas más valiosas de mis días, que el compañerismo es, sin duda, lo mejor de nuestros días; que hay personas que, aunque mueran, viven para siempre, y que la verdadera felicidad se puede encontrar en un simple detalle, en un abrazo, en un compartir, en ser solidario. Illa Sumaq, serás la voz de tu tiempo, serás las voces de lo que alguna vez aprendí, del amor sin fronteras, de la equidad, de una nueva sociedad, donde las mujeres, donde todas y todos podamos cantar con libertad. Illa Sumaq Lisbeth, serás lo que tú quieras ser, serás familia, serás canción, serás rebeldía, serás amor, pasión, equivocación; serás la flecha que atraviesa el viento y busca, por si sola, su propio camino.

Siento como ya, poco a poco, voy muriendo lentamente. Pero nada en verdad nace o muere, todo trascurre como un río, pues lo verdaderamente importante no es el nacimiento o la muerte, sino la calidad de los días que vivimos. La verdadera vida es lucha, sin olvidar nuestra condición de humanos, sin olvidar que todos somos humanos. Es diciembre y el amanecer me lo recuerda, ella me sonríe y esa melodía acaricia mis recuerdos, estoy alegre y quiero compartir esa alegría con ustedes, es diciembre y bueno, en la plaza principal de mi ciudad veo muchas pequeñas sonrisas que duermen entre las gigantes piedras que alguna vez, fueron sagradas en esta ciudad, el viento las acaricia y el frío las ignora. Algún día volverán los cóndores. Algún día te veré y, sonreiremos juntos.

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