Madrastra de las elucubraciones

intro_traum_dali_gRecuerdo a María Angola, la recuerdo en oraciones bien escritas, pero no recuerdo su sonido, recuerdo la catedral como quien recuerda el Poema Regius, el crepúsculo onírico adornaba mi dicotomía, que recuerdo tan efímero que ahora da cabida a esas necesidades axiológicas.
Quizá sea un hiperrealismo metafísico o tan solo la depresión keynesiana, tengo que distensionarme o, tal vez solo buscar cajas de Skinner y mientras la metamotivación sigue a los Jacobinos, mi metapatologia se pierde en su lista.

Si tan solo fuera de verdad un hedonista o por lo menos un hedonista peripatético.
Ahora recuerdo que también recuerdo Pisaq, con su horno de panes ricos, con su iglesia oscura, con el cielo claro, el viento ululaba entre la gente y la gente pasaba por el viento.

Recuerdo a Epifanía, con sus pecas adornando su sonrisa, apareció un día, regalándome oraciones de sonrisas pueblerinas, recuerdo su alma como recuerdo la mía, recuerdo su aliento como recuerdo el mío, recuerdo su dolor como recuerdo el mío, recuerdo el día que llego el sacerdote ateo, busco a Epifanía y busco su pluma, escribió seis de enero en setiembre, robo la línea de la intimidad para luego partir a Lisboa en su tren nocturno.

El suave tañido de María Angola que ahora siento, hace que piense en Epifanía,
sé que esas letras que alguna vez fueron mías, desde su torre de papel velaran la vera de su vida…

La espera es la madrastra de las elucubraciones…

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