Nostalgia y un sombrero

DSC00047Hace tiempo me llego una fatídica noticia. No entendía muy bien que debería sentir, no entendía muy bien lo que tendría que decir, tan sólo deje pasar el tiempo, deje que los minutos nacieran y luego murieran como los días que dejan sentir el sol para luego dejarlo ir.
Alguna vez me contaron que estuve muy enfermo de niño, de eso sólo recuerdo cuando me levante envuelto en mantas que evitaban que me moviera con libertad. Me pareció una noche larga donde no encontraba salida de esos sueños largos y pesados. Me pareció un recuerdo que cuando se iba, siempre volvía. Pero también recuerdo un día, recuerdo un bus, recuerdo caras familiares, recuerdo el bus cruzando los andes, recuerdo el olor de juventud que cada vez cantaba canciones del momento, recuero la guitarra al frente que nos guiaba, los brindis en un viaje peligroso e inolvidable, recuerdo casi todo de lo que olvide.

Después de pasar por varias ciudades llegamos a una en especial, ahora la recuerdo bien después de haber estado más veces ahí, pero casi no la recordaba de ese tiempo. Las sombras que quedan en mí son  recuerdos de esas sonrisas, lo que recuerdo es ese calor de algo que los humanos llamamos cariño. Recuerdo el amanecer de un día católico donde se veía el centro de la ciudad, hermosa y cubierta de una neblina que le daba una sensación misteriosa y a la vez, protegida y melancólica. Recuerdo un sombrero y un árbol, recuerdo inocencia en una ciudad que había, sin saberlo esa vez, sufrido más que otras.

Recuerdo la nostalgia de ese hombre, recuerdo la melodía que salía de esa guitarra en momentos de bohemia, quizás la misma que sale de mi voz en instantes de nostalgia. Recuerdo las historias del porqué, recuerdo que él, por alguna extraña razón, nunca quiso volver. Recuerdo cuando ese “nunca” se volvió en un retorno y recuerdo su alegría. Recuerdo cuando él la abrazó, recuerdo que las lágrimas caían en un idioma que aún no podía entender, la recuerdo a ella. Recuerdo cuando nos miro, su hermosa mirada se dividía en tres, sus palabras llenas de amor no necesitaban ser entendidas para ser sentidas, recuerdo su sombrero, su vestir, recuerdo que ella nos dijo algo y que yo solo pude sentir, recuerdo su perfume que gritaba lucha y amor, recuerdo que cuando ella me abrazó, sentí lo dulce del idioma ancestral que sólo tenía amor para nosotros.

Gran parte de nuestra vida está llena de recuerdos, algunos gratos y otros amargos, gran parte de nuestra vida es lucha, sea cual sea nuestra lucha. Alguna parte de nuestro pensamiento está lleno de nostalgia, de querer algo que ya no está, de extrañar algo que aunque nos pareció eterno, fue el suspiro mas inspirador que tuvimos, fue la idea más hermosa que nos dieron, fue algo que amamos y quizás también odiamos. Entonces fue esa tarde, donde sin saber en verdad dónde estaba, jugaba a ser turista, fue esa tarde donde los mayores hablaban de algo que siempre me interesó, pero que hasta mucho después entendería.

Quizás era un jueves, jueves al medio día y nosotros ya empezábamos a jugar. Desde la parte donde estábamos se podía ver claramente el mercado de la ciudad, se podía ver ese camino sin piedras y vacilando de un lado hacia otro. Una figura se visibilizaba poco a poco, una mujer que caminaba lento hacia la altura para llegar a su casa. El sol de medio día era tan fuerte que la gente tenía que llevar sombrero, ella caminaba lentamente, lo hacía día a día desde hace ya mucho. Ella salía muy temprano en la mañana, quizás a las seis, quizás a las cinco, nunca pude saberlo con certeza, ella caminaba diariamente al mercado y empezaba a luchar, era el perfume de su vida lo que ofrecía, era el amor por sus hijos que día a día hacían de su vida una lucha.

Entonces llego ese momento donde el recuerdo ya no puede ser contenido, y la recuerdo. Antes de eso recuerdo la voz del hombre que me dio la melodía, él me decía que vaya a ayudarla —corre a ayudar a tu abuelita, todos los días quiere ir a trabajar y vuelve para almorzar— me dice esa voz que me hizo canción. Mi hermano y yo vamos rápidamente y le ofrecemos el brazo, ella nos mira con dulzura y sin entender bien el porqué, nos deja guiarla los últimos metros de camino hacia la casa. Los recuerdos son efímeros, eternos solo para aquel que los recuerda, para quien los mantiene con vida. Los recuerdos pueden más que recuerdos, son aprendizajes. Recuerdo a esa mujer que nunca pude comprender, recuerdo su sombrero, su sonrisa, su perfume, recuerdo sus abrazos… Pero lo que más recuerdo de ella es su lucha, recuerdo su lucha por ellos, por sus hijos, recuerdo su caminar lento hacia su casa, recuerdo ir a ayudarla dar los últimos pasos hacia su casa, aun haya sido solo un turista, recuerdo que cuando camino por el mercado de esa ciudad, siento que ella está ahí, no en un sentido  espiritual, sino en las mujeres que están ahí y luchan, luchan cada día, cada noche, cada mes, cada año y cada vida, luchan por ser felices, luchan por su familia, luchan contra todo aquello que diga que no pueden luchar.

Ella nos abrazo fuertemente, abrazo más fuerte a mi hermana, quizás sabiendo cosas que no sabíamos ese tiempo. Pasaron los días y los recuerdos se empolvaron sin que nadie los soplara, pasaron los años y ella se fue, pasaron muchos años y ella se volvió a ir. Las noticas llegan más rápido que un pensamiento, la vida es eso, un sentimiento se va y otro viene. Ella se fue, y ella también; y fue esa ciudad donde la vi, vi sus ojos, sentí su perfume, sentí su sentir, sentí su palabras…sentí su lucha, pero sobre todo, sentí su esperanza triste que poco a poco, muy lentamente, se iba levantando, sentí el amor de mi abuela que se convertía en lucha, sentí sus palabras ser melodía y que poco a poco, se hicieron canción.

Comments

comments