Noviembre en Múnich
Noviembre, como vuelan los recuerdos. Las hojas bailaban con el viento de noviembre en esa larga avenida, la Leopoldstr. fue una de las avenidas que mas se impregnaron en mi mente, adornada de muchos bares, restaurantes y árboles que le daban un tono dramático-romántico, caminando en otoño por esas avenida, pensaba en escribir la inspiración mas profunda que alguna vez haya tenido, nunca lo hice, pero solo la sensación de poder hacerlo, solo eso, hacia que creyera en la magia de una avenida. En verano es difícil caminar por ahí, hay tanta gente sentada en las mesas que los bares sacan a la vereda, turistas que toman una cerveza muniquesa, una Augustiner, que es para mí, la mejor cerveza de Múnich, hablando muchos idiomas se pasan mirando las horas pasar con el viento, y en invierno la avenida es tan vacía por fuera, pero tan llena por dentro. Me recuerdo caminando en dirección a la Universidad, pasando por ese pequeño local donde vendían esas pizzas que tanto me gustaban, pasando por el comedor universitario que también estaba en la Leopoldstr. mirando como las hojas adornan mi camino en un noviembre de ese año que no recuerdo, recuerdo ver a lo lejos la Siegestor y encantarme por su arquitectura, camino pensando en su significado y poco a poco me veo frente a ella, “Dem Sieg geweiht, vom Krieg zerstört, zum Frieden mahnend” (Consagrado a la victoria, destruido durante la guerra, un recordatorio por la paz) curioso leer eso después de haber dejado atrás tantos bares y a tantos turistas, la Siegestor, es la puerta que cambia algo mi camino, a la derecha veo el edificio principal de la universidad de Múnich, la “Ludwig-Maximilians-Universität” universidad que cubriera pocos años de mi poca estadía en tierras bávaras. Los pocos estudiantes que se ven al rededor de la pileta me causan curiosidad, pero los olvido rápido al acercarme a la fuente que está en medio de la plaza Hermanos-Sholl, –que gran nombre– pienso, nombre que rinde homenaje a esos valientes hermanos, estudiantes de la LMU e integrantes de la “Rosa Blanca”, que en tiempos de nazismo, mostraron una resistencia fuerte contra la Alemania nazi, fueron decapitados por eso, asesinados por defender sus creencias, me siento un momento en esas bancas que están alrededor de la fuente, en el suelo se puede ver piedras talladas en forma de hojas de libro, pero no lo son, son escritos que los hermanos Sholl repartían esa época. Hace frio y decido continuar mi camino, me gusta mucho la arquitectura, la biblioteca que parece un gran monumento, me doy cuenta que ya deje la Leopoldstr. y ahora me encuentro en la Ludgwigstr. Ya no hay bares ni turistas sentados tomando cerveza, es una avenida adornada de edificios antiguos, la mayoría perteneciente a la universidad, es extraño caminar por ahí, es extraño sentir lo que sentí ese momento, es extraño ver a lo lejos la Feldherrnhall (Templo de los Generales) ahora ya no camino, son mis pies que me llevan ahí y sin pensarlo ya me encuentro en la plaza Odeonsplatz, pero no es eso lo que me fascina, si no lo que se ve ahí, la Feldherrnhall, ese templo tiene tanta historia. Me gusta sentir estar ahí, me gusta pensar que pase muchas cosas ahí, alegrías y penas, pero sin dejar que la magia muriera, esa magia extraña, esa cosa que solo uno puede sentir o no sentir, a la izquierda de la plaza está la puerta que da al parque Hofgarten, que hermoso parque, en el centro del parque se encuentra el pabellón dedicado a la diosa Diana…es curioso que cuando pienso en eso, pienso en alguien que alguna vez quise, ella nunca lo hizo, pero de alguna manera, al estar sentado en el pabellón, pensaba en ella…quizá solo por su nombre, quizá por un romanticismo tonto, que hasta ahora a nada me llevo.
Debo confesar, que escribir y tomar vino, es algo que me gusta, debo de confesar que después de la tercera copa mis recuerdos llegaron a la plaza Marienplatz de Múnich, esa plaza me trae tantos recuerdos, la fuente Fischbrunnen, donde tan pocas veces tire una moneda deseándome algo y curiosamente se cumplía, pero irónicamente, tal vez por lo poco del valor de la moneda que tiraba a la fuente, después de un tiempo ya no lo tenía. Recuerdo cuando tire una moneda deseándome estar con esa chica que me gustaba, después de mucho tiempo mi corazón conquisto su corazón para después de otro tiempo su corazón se revelara y destrozara al mío. Recuerdo cuando vi la Mariensäule, pero preferí olvidarlo rápido, mas que nada cuando vi lo impresionante del Nuevo Ayuntamiento, que arquitectura tan hermosa, impresionante, tal vez lo mejor de Múnich, tal vez lo mas grande de Múnich, los turistas tomando fotos y comprando postales, algunos haciendo música, otros molestos por tantos turistas, hay tantas cosas alrededor, un mercado, un museo, un bar…una historia en un bar, una pena en otro…hay tanto que contar, el beso en esa plaza cerca a la Marienplatz, los artistas que vuelan con los aplausos de la gente, la Frauenkirche (catedral de nuestra querida señora) que tiene dos torres de color rojo, nunca entre ahí, siempre estuve con problemas con el de arriba, pero me impresionaba su forma, me gustaba su parque, me gustaba pasarla ahí con ella, me gustaba hacer historias…
Ya se termina mi copa de vino, y no puede evitar pensar en esa calle donde tanto tiempo viví, cerca a la olympiazentrum, en una casita de estudiante, cerca a un parque tan hermoso, con un lago, con árboles que me gustaba verlos, con caminos que me gustaba caminarlos, con historias que ahora son papel, ahí se encontraba el antigua estadio del equipo de futbol de Múnich, me gustaba mucho ahí, pero creo que hasta ahora, puedo comprender eso, me gustaba vivir las historias que no creía que podría vivir, me gustaba amar a esa persona que tanto ame, me gustaba hablar con la gente que ahora ya no recuerdo, me gustaba pensar que sería feliz, hasta que no lo fui, ahora recuerdo cada rincón de Múnich que recorrí, recuerdo cada bar donde reí, recuerdo al amigo de la esquina como la primera navidad que la pase con amigos que compartieron su mesa conmigo, recuerdo el primer beso como el ultimo, recuerdo las sonrisas de esas personas que quise tanto, recuerdo los viajes a las montañas, recuerdo a mi mejor amigo ahí, recuerdo el amor como recuerdo el odio, recuerdo ese árbol y esas historias de luna y sin luna…y aun así, no quiero volver a vivir ahí, tal vez viví un cuento de hadas y al despertar…al despertar me dolió tanto que solo quería alejarme. Múnich, me diste tanto, demasiado…y cuando perdí todo eso, solo quería despertar.