Olvido que nunca llegas.
Es un cuarto hecho de adobe, no está en muy buen estado, aun así se ve acogedor, la puerta hecha de una madera que en tiempo de lluvia clama su dolor, en el interior hay un horno que a fuego lento calienta las paredes de tal refugio. Una extraña voz me pide ayuda, gracias a la luz que da el fuego, puedo solo ver un par de siluetas, una más pequeña que la otra – ¿estarán cocinando algo? – Me pregunto – ¿o buscan calor en esta noche fría? – no sé si fue el calor del fuego o la curiosidad de saber, de donde nace esa voz lo que hizo que me acercara, ya pronto a la puerta del horno, reconozco una cara, ella me habla de cosas que no comprendía, y en su ayuda decido buscar más leña y así evitar que muera lo poco del fuego que ya quedaba. Recuerdo que era una noche fría, la oscuridad en ese instante daba alarde pleno de sus más oscuros sentimientos y aunque no sabía porque estaba ahí, sentía una felicidad sublime y extraña; después de haber ya recogido toda la leña que era capaz de cargar, el fuego avivaba un extraño color.
Sentado junto a esa voz y frente al fuego siento que poco a poco un vacio llena mi cuerpo, un vacio frio como si el calor del cuarto se rindiera a una extraña fuerza que ni las mismas llamas podían cubrir, preocupado por el bienestar de las sombras ahí presentes me paro en busca de más leña, en una esquina del cuarto donde ya no llegaba mas que intentos de luz, encuentro el preciado combustible, puestos cuidadosamente en filas y formando un gran muro que demás superaba mi estatura, bien sujetado por unos alambres ya oscuros por el tiempo, emprendo la lucha por coger uno y así no decepcionar a esa voz que tan bien me hacía. No recuerdo cuantas veces me subí a la cima de maderas bien ordenadas, solo recuerdo lo terrible de las caídas, una y otra vez sin pensarlo dos veces, intentaba sacar por lo menos una, cosa que con gran disgusto no podía. – ¡Esta vez lo lograre! – Ya no intento jalar la madera, ahora apunto a sus aliados, esos alambres hechos piedra, perla negra que parece guardar el tesoro más grande de un cuarto oscuro, la tomo con las manos y con una rabia que pocas veces nace en mi, tiro con esa fuerza que tal vez nunca pude tener. Un líquido oscuro cae de mis manos, y un extraño dolor se apodera de ellas, me veo otra vez en el suelo y ya sin saber qué hacer, me quedo contemplando el vacio que de a poco vencía. La tristeza canta victoria en mi corazón, mi mente sin reacción y mi ser en el suelo de la esquina más oscura. – Es el final, ¿pero de qué? – ya a punto de dejarme al olvido, escucho esa voz, que con una sonrisa me decía algo, al mirar sus ojos encuentro una luz, extraña luz, me levanto sin pensarlo y comprendo que ya, tiene que irse.
Son las cinco de la mañana, ya poco a poco sale el sol, prendo la computadora y pongo esa música que en estos últimos tiempos me ha acompañado, – Hoy es un día especial – me digo, no soy una persona que le guste despertar temprano, en realidad siempre tuve problemas en despertar antes de las nueve, pero estos últimos tiempos, mis noches han sido muy extrañas. Le doy una mirada a una esquina de mi cuarto, muchas veces evito mirar esa esquina, aun sea la esquina más valiosa de esta, los primeros rayos de sol ya entran por mi ventana, haciendo que tenga una excusa para voltear la mirada. Empiezo con la rutina diaria y aunque el apartamento se sienta vacio, la tranquilidad que me brinda hace que olvide muchas cosas. Hoy más que nunca es un día distinto a los demás, una situación hasta cierto punto incomoda, lleno de recuerdos que encuentran afinidad en la tristeza y alegría, un suspiro se escapa de mi alma, alguna vez escribí un poema para un día como hoy y lo feliz que estaba con semejante acción, no por “darle” rima a las palabras, sino porque lo había escrito con lo más puro de mi corazón, aun recuerdo ese día como si fuera ayer, aun recuerdo esa sonrisa como un adicto que recuerda el sabor de su adicción, la noche que decía su nombre y el brindis que intentaba robar la mayor cantidad de sonrisas de ese rostro, rostro que ahora, tampoco está conmigo. Era ya muy tarde, en mi trabajo de esa época tenía que quedarme un poco más, ordenes de mi exjefe, recuerdo que un día antes, tenía una extraña sensación, pensamiento que hoy en día aun me atormenta; recuerdo que esa noche, trabajando en proyecto de relativa importancia me ordenaron ir a recoger unos cuantos documentos que se necesitaban para el próximo día, mi celular sonaba cada diez minutos, era mi prima la que con insistencia llamaba, como era de costumbre esa época, pensaba que había tenido problemas en su vida privada y buscaba algo de consejo en mi, sin poder responder, espere el momento que estuviera en camino de recoger los documentos para llamarla, así lo hice, encontrando algo de tiempo la llame, ella con voz solloza me pregunta: ¿ya hablaste con tu mamá?
La desesperación se hace presente, la voz se va y queriendo seguirla me molesto por la negativa, pareciera que esa frase de que el mundo se te cae se hiciera más certera, si, recuero que ya estaba a punto de amanecer y ella me decía: tengo que coger el tren. Si la tristeza tiene un significado, ese es muy poco para describir lo que en esos momentos se siente, una lagrima cae sin pensar y queriendo tal vez consolar, cae suave, como acariciando el rostro, mi reacción es abrazarla, no dejar que esa voz que me hace tanto bien se vaya, pensando que es por el fracaso de no poder arrebatar a ese muro una sola madera que demuestre mi capacidad de poder mantener el fuego vivo, le aseguro que solo es cuestión de tiempo, ella me dice algo, me niego a comprender, se ríe y con un gesto típico le da tranquilidad a mi alma, aceptando la negativa intento verla bien, vuelvo a resistir pero veo que, ya es muy tarde, la veo alejarse en la confusión de la noche y el día. Esta sola y quiero ir tras ella, mis piernas no reaccionan y mi corazón se mancha de pena, el deseo feroz e incontrolable se revela ante una extraña fuerza, mas la razón pacifista se hace presente y consuela a la mente y con ella domina al deseo, una pregunta nace y me repite: ¿por qué me pidió ayuda?
Ya es tarde y frente al computador me doy una pausa para pensar en algunas cosas, no comprendo el motivo de mis sueños ni mucho menos el por qué de mi insomnio. Vuelvo a poner la música que me tranquiliza, reviso mi correo electrónico, escribo un mensaje a celular y me conecto al “Messenger” no por querer hablar con alguien, en realidad no tengo ganas de hablar con alguien, solo espero, una espera larga, una espera a ese – Hola “flaquito” querido – espero un buen rato y en un momento de descuido mi mirada roza la esquina de este cuarto, la esquina que a eso de las cinco de la mañana después de amanecer con los ojos mojados, llamaba a mi alma como queriendo decir algo, es ahí donde me di cuenta… hoy, otra vez, olvide que nunca llegas.
Categorised as: Días