Confesiones de un viajero
El sol en Berlín tenía algo de mágico ese día, más que nada por el calorcito que hacía que olvidaras muchas cosas. Muy apurado con una mochila de equipaje cruzaba una de las calles de la capital de Alemania, pues como siempre parecía que llegaría tarde, creo que era un jueves, es mas! me aferro a la idea de que era un jueves, pues ese día siempre me llamo la atención, ya con 10 minutos de retraso, diviso un auto oscuro, creo era el más viejo de la línea de autos que estacionaban en esa calle, reconozco la placa y pregunto al dueño si su destino era la capital Bávara, él me saluda y confirma mi suposición, a su lado estaban dos personas más, uno mas viejo que el otro, ya disculpando mi demora y previa presentación de cada uno, abordamos la maquina y nos ponemos cómodos.
Así fue mi partida de Berlín, sin mucho bla bla bla, y con algo de demora, mi tío no me dio mayores reproches por abandonar la capital, mas a veces creo que lo sorprendí mucho con esa decisión, mi prima creo que solo dio una frase de sorpresa e incluso yo mismo no lo creía hasta estar ya en el auto, pues ya estando ahí, te das cuenta y piensas -esta vez ya no hay retorno, ya eres lo suficientemente grande como para haber tomado semejante decisión, y bueno en sí, en el fondo, ese fue el motivo de tu viaje-, creo que la edad influyo en algo, la edad y la locura que se hacía pasar por filosofía, pero en fin, ya estaba en el auto y con destino a una de mis mayores aventuras. El chofer era un muchacho de Berlín, viajaba a ver a su novia e intentaba hacer conversación con el que se sentaba a su lado, en los asientos de atrás viajaba un ruso y el que escribe esto, el ruso parecía que iba durmiendo todo el camino, bueno esa fue la idea que me dio, pues siempre estaba apoyado a una de las esquinas del auto, yo miraba las calles que pasábamos, la arquitectura que iba cambiando kilometro a kilometro, creo que en ese instante no estaba del todo consciente de lo que hacía, pues sin mayores solo disfrutaba el viaje y no tenia preocupación alguna de donde es, cuando llegara a mi destino, que iba a dormir. Ahora recuerdo la fecha, bueno ahora recuerdo el mes, era un setiembre, singular setiembre, singular pues ahora que le tengo en mis recuerdos, no sé si tacharle de todos mis almanaques o ponerle una cintita de condecoración, pues es ese mes, que para mi suerte, había una demostración de los neos Nazis, cariñosamente llamados por estos lares: Pelados. Pues cerca del kilometro 400 de la carretera uno… o dos… ¿o era tres?, bueno de la carretera que lleva al sur, paramos para poder descansar y comprar algo de comer, apenas salimos del auto, se nos acercan dos policías, pidiendo documentos a cada uno, sin problemas mostramos nuestros papeles y ellos muy “amables” nos dicen: Señores, ven ese bus que está ahí parado, pues en ese bus viaja la gente que vuelve de la demostración que se hizo en Berlín y todos son, gente que puede ser agresiva hacia ustedes, así que les recomiendo parar en otro restaurante. Con una “ah” dimos muestra de nuestra sorpresa y hasta cierto punto miedo, pues no era un bus que albergaba a solo 5 o 10 personas, no, era un bus que tenía capacidad para hasta 60 u 70 personas y, lo peor de todo, no era el único bus de su clase que estaba ahí estacionado, habían creo, algo de tres buses, y no es que yo les haya tenido miedo, no me entiendan mal, por mi les hacia frente y les sacaba la chochoca, pero estaba más preocupado por mis compañeros de viaje que por mí, bueno por lo menos es eso lo que mi filosofía de ese tiempo me decía… Con un gracias medio temeroso subimos otra vez al auto y a penas con un par de minutos de haber estirado las piernas y lo peor de todo, sin poder haber comprado nada de comer, seguimos nuestro camino, seguro que los pelados al ver que nos íbamos como con la cola entre los rabos, cantarían estrofas de triunfalismo, sin contar que ya en lo más profundo de mi rabia les mentaba desde el perrito hasta su pelada.
Bueno, ya después de la rabia y a punto de llegar a la ciudad que tiene de mascota un león, me doy cuenta de la hora, vaya ya era casi las 12 de la noche, en mis planes medio planeados, estaba poder llegar a eso de las 9 de la noche cosa que gracias al auto último modelo de los años 70 no se pudo, pues este muchachón que parecía que le sacaba plan al copiloto, pues este copiloto trabajaba en el aeropuerto y creo el chofer quería ganarse algunos favores, hacía correr la maquina a 100 y a veces hasta 90 kilómetros por hora, cosa que en la auto pista es un pecado, si, pecado para aquellos como nosotros que esperamos llegar temprano a una ciudad que no conocemos. Ya empezando a preguntarme donde poder alojarme, cambio de cara a una cara que mas parecía el retrato típico del famoso “ya fui” no vi muy bien la estatua de un león a la entrada de Múnich, solo vi unas garras que me dieron la impresión, me señalaban como diciendo: ja ja, esta noche te toca dormir en la calle. Recobrando lo poco de razón que tenía ese tiempo, se me viene a la mente – Bueno yo quise este viaje y como tal, depende de mí como vaya este viaje- así que ahí se avivo algo en mi, que hoy en día suelo llamar a lo peruano: la pendejada sana. Así que, como agila que tantea a su presa, espero el momento preciso para atacar, empiezo con el compadre este que llevo al copiloto hasta al aeropuerto solo por sacarle el número de teléfono, ya en su momento tiro mi primera indirecta: disculpa amigo, soy nuevo acá en Múnich y en realidad pensaba que llegaríamos mas temprano, y así poder buscar algún hotel barato para poder dormir, pero ya son casi las 12 y no sé que puedo hacer, ¿no conocerás tu algún lugar donde pueda esta noche pernoctar?. Ya tirada la piedra y esperando que este muchacho se compadeciera de esta humilde alma que no sabía dónde dormir, espero su respuesta. Él fresco me contesta, lo siento pero no sé, así de seco que hasta roche me daba preguntarle más, así que solo me quedo el silencio como cueva de escape. Ya después de un par de minutos de tomar fuerzas, tanteo a mi próxima víctima, el compañero silencioso que daba la impresión de estar siempre cansado, era ruso y yo tenía un poco más de esperanza con él, pues pensaba que como extranjero podría comprenderme mejor, así que en un momento de silencio, hago mi primera jugada, obvio que ya no le meto el mismo floro que al cabeza de hielo del chofer, esta vez apelo a lo directo: Oye disculpa, una pregunta, no conocerás tu algún lugar donde pueda quedarme esta noche, un hotel o algo así, bueno es que no conozco acá nada, ni siquiera como se pronuncia bien el nombre de la ciudad. Pude robarle una pequeña risa, pero desafortunadamente tampoco entendió mi indirecta y me respondió con una negativa, así un minuto después y ya sin nada que perder, muevo mi última jugada, una mandada mas inocente pero arriesgada, tal vez puse ese momento una mirada tierna de perro arrepentido al preguntar: ¿Amigo, no podrías alojarme tu? solo hasta mañana y lo que pagaría en el hotel te lo doy a ti. El señor este, después de pensar por lo menos un par de minutos, minutos que para mí se hacían nudos en la boca, responde con un “si” medio dudoso, ya viendo que tenía casi la jugada ganada, empiezo a meterle más floro, como ese de decir, que muchas gracias, que es la mejor persona en el mundo y bueno un par de bla bla blas más. Creo que nos bajamos en la Poccistr. Es de ahí que caminamos hasta su departamento, ya llegando ahí, él toca la puerta de su casa, abre una mujer rubia, alta, relativamente bella, alemana que le daba la bienvenida con un beso, él me presenta y le explica a su mujer las circunstancias de mi llegada, la mujer muy amable me invita de comer, nos sentamos a la mesa y les cuento mi triste historia, bueno aunque hasta ese momento no era nada triste, pero improvisar me ayudaba mucho. El ruso pregunta por sus hijos y la mujer le responde que ya están durmiendo, la atmósfera era tan familiar, tan hogareña, que en ese instante me sentía uno de los hombres con más suerte en esta Europa. Después de comer, él me dice que puedo dormir en el apartamento de su vecina, mi primera duda fue… ¿y la vecina? es ahí donde continua y explica que ella, la vecina, estaba de viaje y les había dejado la llave de su apartamento, entonces no habría problema, con un gracias acepto la oferta y él me lleva a dicho apartamento, este estaba situado justo al frente de donde vivía el ruso, o sea de puerta a puerta unos dos, tres metros de distancia. Este apartamento era a mí parecer de lujo, yo que pensaba que ya tendría que dormir en la calle o en alguna estación de tren, pero en un refugio como ese jamás y, más que nada, la confianza que me daba este hombre. La cama de la vecina era una cama matrimonial, o sea que fácil entraban hasta cinco personas ahí, un televisor que era muy moderno para su época y bueno muchas cosas más. El amigo ese me dice que cuando me despierte le toque la puerta para así poder desayunar juntos, le respondo que no se moleste, que ya había hecho suficiente y que no quería incomodar más, él me insiste y bueno, caballero acepto su invitación, dormí como los angelitos en tiempo de soledad, con una cama que hacía que olvidara todo, pero con algo de remordimiento, en fin, al día siguiente ya despierto muy temprano, cumplo mi palabra y toco la puerta del amigo ruso, este ya despierto me invita a pasar y ya sentados a la mesa me sirve café y algunos panes con alguna cosa. Su esposa ya despierta también, se ocupa de sus niños que muy curiosos, asomando la cabeza de vez en cuanto, observan mi forma de tomar café. Ya listo para mi partida, le pregunto al estimado cuanto es que le debía, él muy sonriente me dice que no pasa nada, que él también sabe lo que es ir de ciudad en ciudad y que lo hacía por compañerismo. Le agradezco una y otra vez, le doy mi número de teléfono afirmando que si alguna vez necesita algo de un estudiante como yo, no dude en llamar, que si incluso necesita ayuda para hacer pasear a sus perritos estaba ahí, pero por suerte no tenía animales.
Ya caminado por las calles de Múnich, intentando ver la diferencia entre la capital y el llamado pueblo grande, planeo mi día, dando prioridad a la interesante tarea de buscar un apartamento, cosa que pensaba seria así de fácil como en Berlín, es mas, ese instante incluso discutía conmigo mismo si tomar el primer apartamento que encuentre o darme el lujo de ver unos cuantos y así poder decidir con más tranquilidad. Al llegar a la Universidad y después de inscribirme para el semestre de invierno, compro el periódico del día y con un plumón marco los apartamentos que me parecen interesantes, después de tener ya marcados unos cinco, me pongo a llamar, a los contactos ahí dados y así hacer una cita ese mismo día para poder ver el apartamento. Bueno a marcar el primer número -Buenas tardes, acabo de leer su anuncio en el periódico, que tiene un apartamento para alquilar, me gustaría verlo- es ahí que, con un acento de los más raro que había escuchado esos tiempos, me dice -El apartamento ya está ocupado- y luego colgó. -Pucha, mala suerte – pensé, igual aun tengo cuatro números más, marco el segundo y… ni tiempo me dio a decir que quería ver el apartamento, solo repitió la misma frase que la primera y, pa’ colmo, con el mismo acento raro que ya me parecía cómico. Marco el tercer numero… nada, luego el cuarto… nada, ya preocupado marco el quinto y ultimo… este fue más interesante, pues apenas le dije buenas tardes, una voz que parecía de borracho me dijo -El apartamento ya está ocupado- causando en mi una ligera risa y más que nada decepción total, al extremo que pensé que no querían darme el apartamento por el hecho de ser extranjero, buscaba explicaciones para así poder sentirme mejor o por lo menos poder excusar mi tristeza. Después de ya recobrar la cordura, me pongo a buscar en el periódico más ofertas de apartamentos “libres” así empiezo a llamar a cada número, en el que ofrecían un apartamento, en algunos nadie contestaba, en otros me decían que ya estaba ocupado y otros me daban cita para el próximo día con la advertencia que ya habían algo de 20 personas que habían visto el apartamento y que probablemente ya en esas 20 personas estaría el futuro inquilino. Así se fue el día, algo triste y sin haber tenido tiempo para buscar un lugar donde poder quedarme a dormir esa noche, se me ocurre llamar al amigo ruso, la idea parecía arriesgada, pero pensé, – Bueno igual este día estuvo tan mal, que si se niega, me daría igual- así que lo llame y argumentando que aun no encontraba ningún lugar para dormir le pregunto si es que esa noche también podría quedarme a dormir en el apartamento de su vecina. Él con una risa acepta mi pedido con la advertencia que al día siguiente tendría que esforzarme para buscar algún lugar donde quedarme, otra vez le agradezco y la noche pasa sin mayores. Al próximo día, con un apretón de manos, le vuelvo a agradecer la bondad que tuvo a le aseguro que ese día si o si encontraría algún lugar donde quedarme, lo primero que hago es ir a la Universidad y ahí preguntar por la residencia de estudiantes y así tal vez poder alquilar un cuarto de estudiantes, me dan la info y ya estando ahí, me doy con la sorpresa que no era el único en semejante situación, pues creo que ya eran las 10 de la mañana y había una cola de algo de 100metros, al ver semejante cola, solo me daba ganas de mentar mi suerte y largarme de ahí, cosa que no podía. Ya en la cola y viendo como el tiempo se hace tortuga, intento formular un plan B, uno que me permita no quedarme a dormir en la estación de algún tren, así ya llegando mi turno para poder preguntar por algún cuarto, entro a la oficina número uno, bueno solo había una oficina pero con varias ventanillas. Con un “Guten Tag*” saludo a la señora que atendía ahí y ella me responde “Grüß Gott**” palabra que hasta entonces en mi vida había escuchado, no sé por qué ese momento se me vino a la mente que ella pensaba que yo era Dios y con cara de sorpresa y algo tímido le pregunto por algún cuarto vacio que podría alquilar, ella me da una lista de números telefónicos de gente privada que tenía un cuarto libre que querían alquilar, anoto todo lo que puedo y salgo apurado para así poder llamar a todos los que pueda, ya con la idea que la competencia era brava y que esas, por lo menos unas 60-70 personas, ya estarían llamando a los mismo números que yo tenía anotado. Busco un teléfono público y marco el primer número, una voz femenina me repite la misma frase de la señora que atendía en esa oficina. Sabía que Múnich era una ciudad muy apegada a la religión, pero de eso a que siempre me confundan con Dios? no sé por qué pensé eso, pues luego reaccione y me di cuento lo tonto de mi pensar, pues no me percate que ahí, unos metros más de donde estaba el teléfono público, un chino saludaba a otra persona con el mismo “Grüß Gott” volviendo a concentrarme en la llamada, le pregunto del susodicho cuarto para alquilar, ella me responde con una frase que ya empezaba a odiar más que el tener que levantarme temprano, el ya famoso -ya está ocupado- intento llamar a los demás números que tenía en mi lista y para mi muy mala suerte todos me repetían la misma nota, ya cansado y sin ganas ya de escuchar negativas, me encamino a ver un cuarto, cuarto que había encontrado un día antes por el periódico, pues fue el único, en el que me decían que aun estaba libre, dando lo último de esperanza a esa cita, toco la puerta y contesta una señora, le digo mi nombre y que ya habíamos hablado un día antes, ella me hace pasar al apartamento, un apartamento de un cuarto, una cocina y mucha basura al rededor, la señora esta, era una de esas que creo siempre comía en el Mac Donald’s, tenía una barba más grande que la mía, una cara de frankenstein y un tufo del más feo, lo único bueno del apartamento ese, es que había un perrito tan tierno, que solo de mirarlo y luego mirar a la dueña, lo compadecía de una manera tal, que me sentía afortunado de saber que yo en cualquier rato podría irme si es que quisiera. Le pregunto del cuarto que pensaba alquilar, ella me muestra un cuarto oscuro, donde se podía encontrar desde botellas vacías hasta un carrito de compras, lo único que no se podía ver, era el piso del cuarto, es ahí donde le pregunto que si en caso tomo el cuarto ella sacaría todas esas cosas, ella me responde que solo una parte, lo demás tendría que quedarse en el cuarto, luego no sé por qué, se me ocurre preguntar, por qué es que quiere dejar el apartamento, ella me responde que no lo deja, que ella también vivirá ahí, mi reacción atónita hace que le pregunte, y donde es que pensaba dormir, ella fresca me responde -en la cocina- . La cocina tenía algo de 10metros cuadrados, en ella había un sillón, el sillón tenia aproximadamente 2mx50cm, La mujer, media algo de metro ochenta, pesaba algo de 120 kilos, así que, como michi pensaba entrar en semejante sillón, no tenía que ser un genio para saber que había gato encerrado ahí, con un “ah” le muestro mi duda, ella ya se había dado cuenta que me encantaba su perrito así que me propuso, que si deseaba que el alquiler se bajara en algo, podía cuidar algunos días del “pobre” animal, con un “claro si sería bueno” intento esconder mi terror a la solo idea de mudarme con ella, -No, prefiero dormir en alguna estación de tren- con ese pensamiento salí apurado del primer apartamento que vi en mi travesía por buscar uno.
Ya era de noche, y sin querer ya llamar a mi salvador de dos días, me hago a la idea de dormir en la estación de tren, es ahí donde suena mi celular, mi prima que ya enterada de mis días en Múnich, y sabiendo que no tenía ya lugar donde poder dormir esa noche, me dice que había hablado con uno de sus amigos, amigo que tenía amigos en la ciudad que me encontraba, y uno de esos amigos se había ofrecido a poder brindarme un espacio en su casa, para poder quedarme esa noche ahí, bacán, me salve una vez más, contento llamo a este amigo del amigo de mi prima y le explico quien soy, él me responde que ya estaba al tanto de todo, me da su dirección y me dice que puedo llegar ahora, yo ya sin fuerzas ni para comer algo, creo que más que nada por la depresión de no poder aun alquilar un lugar donde vivir, me dirijo a la dirección dada, ya ahí toco la puerta. Él, un chico alemán que vivía a las afueras de Múnich, en una casa, si, una casa de algo de 10 cuartos y de dos pisos, en cada piso un baño más grande que el apartamento de la dueña del “pobre” perrito, este chico tenía algo de 22 años, vivía solo y parecía muy serio. Con un saludo y previas gracias por el alojamiento, me pongo cómodo en la sala, ya sentado en uno de esos sillones tamaño familiar, escucho la voz de muchacho en la que me dice que me mostrara el cuarto donde iba poder dormir, me paro de inmediato y le sigo. Este cuarto estaba en el segundo piso, más que cuarto parecía una esquina con una cama, comparando este rincón de la casa con el baño de cada piso, cada baño parecía tres veces más que susodicho rincón. Bueno yo feliz por no tener que dormir en alguna calle solitaria y fría, ahí es donde mi anfitrión pone cara de más serio y me dice: Puedes quedarte a dormir acá dos días, no puedes llegar más tarde que las ocho de la noche, y tienes q salir de esta a más tardar a las nueve de la mañana. Con un “Si” seco y sorprendido por lo directo de este muchacho, le agrego un “gracias otra vez por poder quedarme acá”. A diferencia de mi primer salvador, este segundo no era muy hablador, nunca pregunto cómo es que me había ido en mi búsqueda ni mucho menos compartimos un desayuno juntos, ya al segundo día, mucho más cabizbajo por las tantas negativas que en mi vida había escuchado, jamás había sido tan rechazado en mi vida, ni siquiera en mis momentos de niñez cuando con dos piernas izquierdas nadie me quería para jugar en su equipo de futbol, se me viene la idea de preguntar al alemán si es que no quería alquilar un cuarto, bueno con tantos que tiene podría ser que si, ahí le explique que no había encontrado nada y que solo necesitaba ese mismo rincón en el que hasta ese día había podido dormir, él se puso a pensar un rato y me responde que desea pensarlo más, pero que la idea le atrae. No sé, que palabra escuche más ese tiempo, si fueron las negativas de cuartos ya ocupados o las gracias que salían de mi boca, pues con algo de tres o cuatro gracias me despido de este amigo y emprendí, nuevamente, mi camino a la búsqueda de un bendito lugar donde poder vivir, ese día fue la misma nota, llamadas y más llamadas, citas para ver si caía bien a los que serian mis compañeros de vivienda en apartamentos de estudiantes, negativas por acá, lo llamaremos por allá, la ciudad ya me resultaba algo agresiva. Cuando vivía en Cusco, recuerdo que cada vez que la gente mayor y creyente al querer tomar una cerveza o alguna bebida alcohólica, antes de dar el primer sorbo, derramaban algo del liquido a tomar al piso, con la idea que con ese rito, mostraban respeto a la santa tierra y con eso les salga bien las cosas que quisieran hacer. Fue ahí que empecé a recordar esos mismos ritos y ya sin nada que perder hago lo mismo con la esperanza que alguien allá arriba o abajo se apiade de mí. -Bueno esta noche si me toca dormir en la estación- con eso voy caminando a la estación principal de Múnich para así poder escoger el mejor lugar para poder quedarme esa noche, ya a punto de llegar suena mi celular, la voz de mi prima que pregunta cómo me había ido, le digo en broma que ya había encontrado un rinconcito en la estación central y ahí no me cobraban nada, ella me sorprende con la noticia que su mismo amigo, tenía otro amigo que vivía acá, y que él, ya enterado de mi aventura, se ofreció a darme un lugar donde poder quedarme por un par de días. Alegre por la noticia, y con la idea de que si, no soy tan mala suerte como pensaba, me dirijo a la dirección que me dieron, este apartamento estaba situado por uno de los centros de Múnich. El señor, este que sería mi tercer salvador, era médico, médico alemán con descendencia turca, ese día lo recuerdo bien, pues esta vez estoy seguro que si era un jueves, ya estaba muy deprimido y este hombre de medicina me hizo pasar, me invito sentarme a la mesa de la cocina, me pregunto si ya había comido, es ahí que entró su esposa, con una bata de dormir, me presentó y ella muy amable me sirve algo de comer, es ahí que les cuento las razones de mi llegada a esta ciudad, ellos me dan algunos números donde también podría llamar, él me promete que al próximo día preguntara algunos colegas y amigos, si es que saben de algún cuarto que se dé en alquiler, ya casi un poco más de las doce de la noche, me dicen donde es que puedo dormir, era el cuarto de la niñera, ese instante ya ni me pregunte, donde es que estaba la niñera, pero ellos me contaron que esta había viajado a su país para visitar a su familia, ya en el cuarto, solo atine a tirarme a la cama y aunque no podía dormir, me daba tranquilad poder haber encontrado una familia así. Bueno, poder, en realidad, me daba más tranquilad la preocupación de mi prima, creo que en esos momentos, la única suerte que tenia, era el de poder contar con una prima así. Los demás días fueron ya de rutina, con negativas y engaños de tal grado, que con una sonrisa me decían: Te llamaremos. Ese rato me daba ganas de decirles que se metan su frasecita ahí donde menos lo pensaran. Ya el ultimo día que podía quedarme en el cuarto de la niñera, pues esta volvía al próximo, recibo una llamada, llamada de una señora que dos días antes le había preguntado por el cuarto que alquilaba. Ya viendo el cuarto y más que nada desesperado, empiezo con el floro mas adornado que en ese instante se me podría haber ocurrido, me tiro tantas flores que parezco inquilino perfecto, persona tranquila, un pan de Dios y hasta amante de los animales con preferencia gatos, gatos, pues esta señora que ya tenía algo de 60 años, soltera sin hijos, tenía cinco gatos, gatos de esos aburguesados, que solo duermen y estiran sus patas como queriendo disimular ganas de querer jugar, creo que si pesábamos los cinco gatos juntos, estos pesaban, sin exagerar, más que yo. Le aseguro que conmigo, no tiene pierde, ella con algo de simpatía me dice la dichosa frase de que me llamaría, -ahí nomas- pensé, -otra vez ya fui- así que caballero solo me quedaba irme y rezar a los santos, vírgenes, apus y demás, que tuvieran piedad de este cuerpo ya maltrecho por tanta choteada. Al escuchar de voz de la amante de gatos que el cuarto era mío, que había tomado esa decisión porque de todos los entrevistados yo era el que tenía los ojos mas “bonitos” cosa que aun no me explico, pues si no mal recuerdo, esos días estaba tan mal, que por las noches tan largas, siempre amanecía con unas ojeras de borracho decepcionado, cosa que ese instante me daba igual, la afirmación de que el cuarto era ya mío y que mis días de calvario tenían ya un fin, hacia que la alegría inunde mi pobre corazón, que ya no daba muestras de vida más por roche que por desilusión. Después de haber hecho cita para el próximo día y terminada la charla, salto de alegría, salto de un pie, luego de dos, me faltan pies para saltar más alto, la gente ya me miraba como bicho raro, pero yo, solo estaba feliz, le agradezco a los santos, las vírgenes, los apus, pienso que sí, hay alguien que me quiere allá arriba, que después de tanta nota, de tanta choteada, tristeza, insomnio, por fin se acordaron de mi, que después de esta prueba de la más dura, saldría ya todo bien, feliz me voy a dar las nuevas buenas a esta pareja que tan bien se había portado conmigo, ellos también felices por mí, me invitan algo de comer, esa noche si comí con ganas. Al día siguiente, dándole mi numero de celular les digo lo mismo que le dije a mi primer salvador, cualquier cosa, pero en serio cualquier cosa en la que pueda ser útil, que no duden en llamarme. Ellos me dan la mano y me desean lo mejor, yo ya con mi mochila caminando feliz por las calles de Múnich, dando una y otra vez las gracias a esos seres todopoderosos por la gran ayuda que me dieron, me dirijo a lo que sería mi primer cuarto en Múnich. En ese instante no sabía que estaba en una de las equivocaciones mas grande que había tenido en mi vida, pues por lo mismo que caminaba feliz por las calles, dando gracias a seres sobrenaturales, puedo decir ahora que fue una trampa, tal vez incluso una conspiración de las mas calculadas, una broma de mal gusto, una tortura, pues esta señora que en su momento la puse en un pilar de oro, se transformo con el tiempo en mi peor pesadilla, pues con sus 60 años de soledad encima, el aburrimiento ya se había hecho compañero fiel de esta, tanto así que cuando ella legaba a casa, lo único que quería es acariciar a sus gatos, luego llamar por teléfono a sus amigas y quedar hablando unas dos horas por teléfono, cosa que por mí no había problemas, pero esta “simpática” señora, que al principio me decía que me sintiera como en casa, que si deseaba podía cocinar y cuando quiera podía ver televisión en su sala, cambiaba con el pasar de los días, al extremo que una noche, cuando ella llegó del trabajo, me encuentra cocinado algo, ella muy directa y con esa frialdad que ya me parecía patrón alemán, me dice que efectivamente podía cocinar, pero que procurara hacerlo cuando ella no estuviera en casa. Bueno ya con la advertencia cuido mas de mis horas de cocina, hasta que una noche, después de haber buscado todo el día trabajo, me pongo a mirar TV, ella llega algo temprano y me encuentra sentado en la mesa mirando una serie animada, ella, con esa “dulzura” que ya empezaba a ser notoria, me dice que efectivamente podía ver televisión, pero que cuando ella llega del trabajo, llega muy cansada y que le gustaría gozar de su sala para ella sola, recibida la orden, me encamino a mi cuarto, ya algo incomodo por todas esas situaciones me decido a dormir. Los demás días fueron similares, esta “salvadora” me prohíbe más cosas, y me advierte que es una persona demasiado pulcra e incluso enferma de la limpieza, que si el baño no estaba limpio ella se enfadaría de tal manera que Dios me ayude, así que cada vez que usaba la ducha, me pasaba media hora limpiando todo, pero por alguna razón desconocida hasta ahora para mi, ella siempre notaba cuando me duchaba. Hasta que por fin, ya sin soportar esa cuestión, ella y yo, llegamos a la decisión que eso ya no funcionaba, es así que, otra vez, vuelvo al mismo cuento de buscar un cuarto donde poder vivir o por lo menos donde poder encontrar una sonrisa amigable. Ese fue mi primer cuarto, primer cuarto pues si me pongo a pensar ahora, fueron algo de nueve veces que me mude en Múnich, les diré, fue una de esas aventuras con altas y bajas, donde conocí mucha gente, reí de alguna manera y otras triste por las negativas, me escondía en la lectura para así soñar, que pronto encontraría algún lugar… que sea mucho más que un simple cuarto…
* Buenas tardes, Buenos días.
** Saludo oriundo de Babaría, similar al “Adiós” en castellano.
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