Un día de trabajo
Había mas moscas en la cocina que clientes en el restaurante. Un restaurante italiano con trabajadores árabes, al llegar ahí me resulto algo extraño que la gente en la cocina me llamara “habibi” (Amigo en Árabe), cosa que no escuchaba muy seguido así que no le daba mucha importancia, al ver que no respondía a ese nombre atinaban a llamarme “Amigo” mi trabajo era lavar todo utensilio de cocina que llegue a mis manos, mis compañeros ahí hablaban en su idioma y me dejaban tranquilo, no es un gran trabajo, por lo menos eso es lo que yo pensaba, pues para lavar platos y demás no hay que ir alguna escuela, así que me pongo a lavarlos como si los lavara en mi casa, ahí es donde escucho el primer “Habibi” no presto atención, un segundo “Habibi” estorba mis pensamientos, pero tampoco le prestó mucha atención, luego de un momento uno de los cocineros me llama “Amigo” le miro y, con fastidio de saber que me saco de algún pensamiento atractivo ese momento, le ofrezco una sonrisa hipócrita, él me mira y me dice que la forma que lavo los platos está mal, pues de los dos recipientes con agua que habían en la cocina, una era para el agua con detergente y la otra, con agua más clara, para quitar lo ultimo del detergente, yo en mi manera de hacer las cosas, cambiaba el agua con detergente cada cierta vez cuando notaba que el agua estaba ya sucia, pero como la crisis esta fuerte también en Berlín, el cocinero me recrimina que ese agua aun está limpia y se puede usar, agua que parecía sopa de tallarines con leche y salsa de tomates, aun era usable, solo atine a decir “ok” y volví con mis platos y pensamientos. Seis horas de pie en un mismo lugar, un tipo que me decía siempre “Rápido, rápido” y otro que me jodia siempre ensenándome como lavar mejor, veía como salían platos llenos de especialidades de la casa, algunos con suculentas carnes que eran, antes, bendecidas por las moscas en las paredes de la cocina, moscas que muchas veces me parecían mas simpáticas que los cocineros.
Veía como volvían los mismo platos, algunos tan intactos como salieron, con tan solo algún pequeño pedazo de carne que faltaba o tan solo sin la ensalada, algunos volvían semi vacios, pero ninguno volvía vacio, ponían los platos en mi mesa y yo tenía que tirar esos restos de comida, carne intacta que luego de cogerla, no serviría ni a los perros de alimento, papas fritas que salían crujientes de la cocina, volvían sin color como deprimidas después de una choteada, me dolía realmente botar toda esa comida, sobre todo porque en algunos de mis días, no tenía ni eso para comer, pero imposible decirles que me llevo todo, que haría yo recogiendo todo lo que devuelven en un bolsa para calentarlo después? seria fácil la respuesta, me despedirían por no hacer mi trabajo como debiera, Seis horas de ver como la comida acá, así de fácil se bota, seis horas de escuchar a un tipo que el agua que uso para lavar los platos, después de haberla usado horas, aun estaba limpia, bueno es fácil botar la comida, pero no el agua sucia, seis horas sin tener chance a beber por lo menos agua, seis horas de pensamientos bélicos hacia mis compañeros de trabajo, encariñándome con las moscas que de poco ya encontraban algún rincón donde pasar la noche. Ese rato me preguntaba si había hecho bien en viajar una hora hasta ese restaurante para un trabajo de 5 euros la hora, me preguntaba si tenía que volver al próximo día, me preguntaba que podría pasar si no volvía… No, tengo que volver, tengo que escuchar los “habibis” de gente que sabe lavar los platos mejor que yo, tengo que volver e imponer un nuevo Hobby para lavaplatos, como aquellos que tienen problemas para dormir y cuentan ovejas para matar el tiempo y conciliar el sueno, yo contare las carnes que tengo que botar, consolare las papas fritas diciéndoles que no es su culpa, sino la del cliente, que este no sabe lo que se pierde y que algún día, las recordara añorándoles volver a tener, tengo que volver e incitar a las moscas a una revolución -tomemos la cocina- les diré, hagamos justicia con nuestras propias alas y castiguemos aquellos que marginan a las papas y devuelven las carnes sin honor..Pero sobre todo tengo que volver, pues si no lo hiciera no tendría dinero para vivir… tal vez sea que a veces, la vida es fácil si eres una mosca.
Categorised as: J-C